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¡No lo puedo creer, hermano! Me llamo Javier desde Fernando
de la Mora.
Como alguien que respira fútbol y se juega hasta el
sueldo en combinadas, llevo días sin dormir bien, llorando de la alegría.
En el debut de esta Copa del Mundo norteamericana, quería romper el televisor de la rabia con ese maldito
4-1 contra USA que me hizo perder mucha plata.
Pero como manda nuestra historia, resurgimos de las cenizas: le metimos una garra tremenda para ganarle 1-0
a Turquía y después aguantamos a muerte para sacar ese 0-0 contra Australia.
¡Lo que vivimos contra los alemanes fue épico, digno de una película!
El mundo entero de los pronósticos nos daba por muertos, pero
aguantamos como verdaderos leones el 1-1
hasta el final de la prórroga. ¡Los eliminamos 4-3 desde los doce pasos, un milagro hermoso y sangriento!
¡Con lo que gané en esa apuesta a la sorpresa me pago las deudas de todo
el año y festejo un mes seguido!
Este jueves nos cruzamos con la Francia en octavos de final y
me juego mi destino entero por mis muchachos. ¡Que nos den por perdedores,
mucho mejor, así paga más mi apuesta!
¡Vamos Paraguay, carajo!